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El Cardenal Osoro abrió el XI Congreso Teológico Pastoral

El cardenal Osoro durante su intervención

El Cardenal Osoro abrió el XI Congreso Teológico Pastoral en el Seminario Diocesano en Cáceres con una ponencia sobre "Sal por los caminos a Evangelizar".

Monseñor D. Carlos Osoro, Cardenal Arzobispo de Madrid, comenzó su intervención en la tarde del viernes 14 de junio en el Congreso Teológico Pastoral en el Seminario Diocesano, tras celebrar la oración de Vísperas en el Auditorio "Papa Francisco".

Su ponencia se centró en salir a la misión como al inicio de la Evangelización de los primeros apóstoles, tras Pentecostés en una época, la actual, que necesita también la fuerza de los cristianos.

A su juicio, este camino misionero tiene que contar con la cultura del encuentro y la caridad, algo que expuso en su ponencia, donde también brevemente abordó cuál debería ser el diseño de una parroquia o comunidad cristiana que sale al encuentro con pasión a anunciar "lo más grande de este mundo: Dios te ama, te quiere, no estás solo".

PUEDES VER LA PONENCIA, GRACIAS A TUSEMANASANTA.COM AQUÍhttps://www.youtube.com/watch?v=6JpjgLcxKjk

A CONTINUACIÓN GRAN PARTE DE SU INTERVENCIÓN:

Muchas gracias a todos ustedes, comienzo estas palabras con este título "Sal por los caminos a evangelizar". Quisiera hacer como tres pasos, una primera parte es que salgamos como los primeros cristianos. Es importante retrotraernos al inicio de la evangelización… una nueva época que necesita también salir con la fuerza de los cristianos.

En segundo lugar salir haciendo un camino misionero pero con la cultura del encuentro y la caridad— y en tercer lugar cual es el diseño de una parroquia, iglesia, una comunidad crisitiana que sale al encuentro… Ponencia en Pastoral Rural Misionera en Madrid…

Hay momentos en la historia, como este que estamos viviendo, una nueva etapa de la historia, una época no es que haya comenzado, que estamos en ella, y esta época necesita también salir con la fuerza de los primeros cristianos.

 En segundo lugar salir haciendo un camino misionero, pero con la cultura del encuentro y con el ejercicio de la caridad de la cual el Papa Francisco está hablando permanentemente.

En tercer lugar, cuál es el diseño de una iglesia, de una parroquia y una comunidad cristiana y misionera. Relatar en este diseño simplemente algo que yo escrito con motivo de un Jornadas de Actualización pastoral que hubo en Madrid.

El Papa Francisco en el inicio de su pontificado nos ha sorprendido con una hoja de ruta diciéndonos que es una nueva etapa evangelizadora marcada por la alegría. Nos señala caminos para la marcha de la Iglesia en los próximos años. Así lo manifiesta en su primera exhortación apostólica donde apela el papa a un estilo evangelizador nuevo. La intención de la información es marcadamente práctica, requiere una recepción pastoral en la que la Palabra esté encarnada y sea encarnada y requiere también el criterio de la realidad que es esencial para la evangelización.

No hace una teoría sino cuál es la realidad en la que nosotros estamos y nos vemos. Nos dice el papa: no llevar a la realidad la palabra es edificar sobre arena, es permanecer en la pura idea y es degenerar en ti mismo. 

El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada. Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien. Los creyentes también corren ese riesgo, cierto y permanente. Muchos caen en él y se convierten en seres resentidos, quejosos, sin vida. Ésa no es la opción de una vida digna y plena, ése no es el deseo de Dios para nosotros, ésa no es la vida en el Espíritu que brota del corazón de Cristo resucitado. (Evangelii Gaudium número 2).

 


Por eso la alegría del Evangelio se comunica y tenemos que vivir este dulce confort, la alegría de evangelizar, estamos invitados a este desafío urgente.  Nos lo decía el papa Francisco en la encíclica Laudato Si: proteger esta casa común.

El desafío de los cristianos en estos momentos no es lo que a veces se ha interpretado de esa encíclica. El papa señala que hay que volver a poner en el centro al ser humano, no es una encíclica verde. Estamos desnormalizados, no tenemos norte, y por eso el papa dice que la gran cuestión hoy aludiendo a unas palabras ya del papa Benedicto XVI es la cuestión antropológica.

Volvamos a por el centro al hombre porque le hemos descentrado, por eso estamos llamados a una nueva salida misionera que hemos de llevar a cabo y hemos de hacer lo posible con una transformación también misionera de la Iglesia.  Salir de la propia comodidad y atrevernos a llegar a eso- que me parece que mañana tenéis una otra ponencia- a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio en una iglesia y los cristianos que se lanzan los primeros se involucran acompañan dan frutos y saben festejar y celebrar la victoria.

 La llamada de Cristo nos hace que partir hacia una pequeña reforma, una pastoral de conversión que no solamente es personal sino de la reforma de las propias estructuras en la Iglesia entrando en un decidido proceso de discernimiento, de purificación, de reforma, haciendo todo esto desde el corazón del Evangelio.

El anuncio, como nos dice el papa, debe centrarse en lo esencial, teniendo en cuenta que hay dos tipos de limitaciones a las que debemos estar atentos las de lenguaje y las que proceden de las diferentes circunstancias de la vida en que nos encontramos.

La humanidad- dice el papa Francisco- vive en este momento un giro histórico, que podemos ver en los adelantos que se producen en diversos campos. Son de alabar los avances que contribuyen al bienestar de la gente, como, por ejemplo, en el ámbito de la salud, de la educación y de la comunicación. Sin embargo, no podemos olvidar que la mayoría de los hombres y mujeres de nuestro tiempo vive precariamente el día a día, con consecuencias funestas. Algunas patologías van en aumento.

El miedo y la desesperación se apoderan del corazón de numerosas personas, incluso en los llamados países ricos. La alegría de vivir frecuentemente se apaga, la falta de respeto y la violencia crecen, la inequidad es cada vez más patente. Hay que luchar para vivir y, a menudo, para vivir con poca dignidad. Este cambio de época se ha generado por los enormes saltos cualitativos, cuantitativos, acelerados y acumulativos que se dan en el desarrollo científico, en las innovaciones tecnológicas y en sus veloces aplicaciones en distintos campos de la naturaleza y de la vida. Estamos en la era del conocimiento y la información, fuente de nuevas formas de un poder muchas veces anónimo. (Evangelii Gaudium 52) 

Hay que decir un no rotundo a una economía de la exclusión, a una idolatría del dinero, un NO rotundo a un dinero que gobierna en lugar de servir. Por eso hemos asumir algunos desafíos culturales y hemos de hacer posible otra vez la inculturación de la fe.

Por otra parte, ha de ser todo el pueblo de Dios el que anuncia el Evangelio. No es una llamada misionera a un grupo determinado. El pueblo de Dios, a través de todas las cosas que hace, ha de ser misionero, de persona a persona, a través de la cultura, a través de la piedad popular, del pensamiento de la educación. 

Salgamos como los primeros cristianos, salgamos con la pasión con la que salieron los primeros cristianos y con la pasión con la que salió nuestro Señor Jesucristo.

Estos días hemos escuchado en la fiesta de Pentecostés, hemos oído las lecturas que se proclamaban tanto las dos primeras lecturas del libro de los Hechos de los Apóstoles Pablo como después el Evangelio en el libro de los Hechos hay un acontecimiento que lo tiene que ser para nosotros en este momento el amor y la pasión que salió el Cristo y con que salieron los primeros cristianos a un mundo desconocido entonces porque salieron del solar de Palestina a otros lugares que no habían pensado nunca los primeros discípulos de Jesús.

Fue tremendo y fue fruto de una viento que cambia la vida y cambia la historia de los hombres qué relato más bello hemos escuchado estos días en el libro de los Hechos de los Apóstoles el Señor les había prometido que no los dejaría solos, nos lo prometió a toda la Iglesia.

 Aquella misión que les entregó antes de subir a los cielos: id por el mundo y anunciad el Evangelio hubiese sido imposible si el señor no invade y acerca a sus vidas el Espíritu Santo que los convirtió unos hombres y mujeres de miedosos y encerrados en sí mismos en felices porque tenía la verdad que la he visto porque habían visto al Señor había resucitado pero no se atrevían a salido al mundo para anunciar que Cristo es el camino la verdad y la vida. 

 Sin embargo el acontecimiento que cambia toda su vida lo describe muy bien el libro de los Hechos: se llenaron los primeros apóstoles del Espíritu Santo salieron a la plaza y quienes los veían se sorprendió no son estos que hablan ahora están hablando como es que cada uno de nosotros nos oímos hablar en nuestra propia lengua.

Ese acontecimiento cambia la vida de la Iglesia, que comienza a su visión allí y que sigue realizándola a través de todos los que el Señor nos ha elegido para ser miembros vivos de la Iglesia. 

No es una cuestión de antes de ayer, es una cuestión que si los cristianos tomamos conciencia de esta realidad será verdad lo que nos dice el libro de los Hechos: todos entienden el anuncio que hicieron los apóstoles y lo entienden en su propia lengua y es que estaban llenos del Espíritu.

Dios mismo se nos ha revelado en Cristo y él ha querido que este modo de comunicar se prolonga a través de la Iglesia tras el acontecimiento de Pentecostés nos muestra que la Iglesia encuentra su identidad comunicando la buena noticia que es Jesucristo, descubriendo en Cristo que la vida se acrecienta dándola y se debilita en el aislamiento, en la comodidad.

Los apóstoles después de Pentecostés llenos del Espíritu que dejando su seguridad a un lado y apasionados en la misión de dar a conocer a Cristo, ahí estaba la verdadera realización personal.

Por eso, el Señor nos invita a ser misión. Los obispos de España de la Comisión de Apostolado Seglar, precisamente en los palabras que han dirigido a todos los laicos de Acción Católica titulan "somos misión".

Hoy el Papa Francisco nos dice que los cristianos recobren la alegría de evangelizar, de haber recibido a Jesucristo, nuestro Señor, de conocerlo, por tanto, como los primeros cristianos.

Tenemos que movernos no por las fuerzas nuestras sino por la fuerza de Pentecostés.

PENTECOSTÉS. EVANGELIZAR SIN MIEDO

En segundo lugar, como los primeros cristianos, somos un pueblo, el pueblo de Dios, que nace de la misión, como nos decía la primera carta a los Corintios, precisamente la segunda lectura del dia de Pentecostes.

Un pueblo lleno de fortaleza lleno del Espíritu Santo, un pueblo unido por el Espíritu, un pueblo formado por miembros distintos en los que el Espíritu se manifiesta con dones y servicios diferentes, pero un pueblo que alcanza la hondura de caminar siendo diferente como entonces.

Todos nosotros, dice Pablo, judíos y los esclavos y libres hombres y mujeres hemos ido bautizados en un mismo Espíritu para formar un solo cuerpo un pueblo, con pasión por la misión.

Todos los hombres tienen derecho a recibir el Evangelio, no podemos estar conformes , ser un grupo estufa. La Iglesia es dispersión, un pueblo que tiene el deber de anunciar al Señor sin excluir absolutamente a nadie y como nos decía el Papa Benedicto XVI: la Iglesia no crece por proselitismo sino por atracción. 

La misma que ha seducido a tantos hombres y mujeres a través de 21 siglos.  Por eso salir como los primeros cristianos porque somos un pueblo para la misión. 

Recordar el texto del Evangelio de Pentecostés. Hagamos un reconocimiento, tengamos una mirada contemplativa, esa que nos ha regalado el Señor y que es la que tenemos que tener en nuestra vida.

Podemos estar construyendo una relación entre los hombres a oscuras, sin sentido, sin verdad, sin futuro.  El Evangelio nos muestra una realidad distinta hablándonos de como los apóstoles estaban reunidos y estaba en el anochecer en la oscuridad con las puertas cerradas con tremendos miedos.

Cerradas las puertas no hay esperanza, no se ve la verdad, no sale el deseo de justicia, de solidaridad, no se vive la grandeza de la fraternidad.

Cuando Jesús se presenta en medio de ellos, se hace presente entra en el lugar y tiene la luz. Es un mundo lleno de esperanza y quién nos proporciona la luz- lo habéis visto en el evangelio- es Jesucristo cuando entra en la vida de los hombres, cómo les pasó a los discípulos primeros.

Ellos comprueban que está a su lado, es el Resucitado, comprueban cuando les enseña sus manos y su costado y entonces comienzan a vivir de una manera distinta es un modo de vivir nuevo con sabiduría con verdad con fuerza con capacidad con entusiasmo para salir.

Los discípulos se llenan de alegría de aquel encuentro con el Resucitado y nos dice el Evangelio que el Señor se presenta y dice la paz os dejo tranquilidad la paga es la persona de nuestro Señor es la verificación de que la salvación está en mi vida y está cerca de mí como el padre y después no solamente eso sino que se llenan de alegría de la alegría que no nace el triunfo de la vida sino del encuentro con quién es la vida misma que es Jesucristo.

Dejemos que entre Cristo, que abra nuestras puertas y cambie nuestra vida. Pues le da un sentido nuevo, nos lleva a darnos no a retener nada, nos lleva a ser misión como decía antes, para los demás, para anunciar lo más grande que se puede hacer este mundo Dios te ama, Dios te quiere no estás solo.

La única forma de construir esta tierra la única es hacer verdad lo que dice el señor amaos los unos a los otros como yo os he amado.

Y la belleza donde está en el "como yo os he amado". Esta confianza es una confianza manifiesta por eso es un pueblo que peregrina que hunde sus raíces en Dios, pero que tiene concreción histórica. Es un pueblo peregrino, evangelizador tiene muchos rostros se encarna en todos los pueblos de la tierra.

 

LA MISIÓN CON CULTURA DEL ENCUENTRO Y CARIDAD

Como los primeros cristianos tenemos que salir al camino en este momento de la historia haciendo la cultura del encuentro, no del desencuentro. Nuestro Señor se hizo hombre y ahí comienza la cultura del encuentro.  

Salir por los caminos para hacer esta cultura del encuentro con el amor mismo de Dios no de otra manera. Una cita del Papa Francisco que corresponde a un Twitter del domingo 31 de marzo habla de la caridad especialmente a los más débiles es la mejor oportunidad que tenemos para seguir trabajando en favor de una cultura del encuentro en la que nosotros tenemos es el protagonista porque el gran encuentro lo ha hecho Cristo y nos ha pedido nosotros que sigamos haciendo este encuentro con los hombres que sigamos haciéndolo.

Dios es amor, dice la primera de Juan, dios es amor, y quien permanece  en el amor permanece en Dios y Dios en él.

Los cristianos tenemos el grandísimo privilegio de haber experimentado que la esencia de Dios la identidad más íntima es el amor.

El Papa emérito Benedicto XV en Deus Cáritas est habla de esto y nadie ha defendido con tanta pasión la cultura del encuentro como el Papa Francisco.

El Papa actual siempre ha rechazado las visiones simplistas o los abordajes meramente dialécticos. Francisco defiende que la realidad es poliédrica, es compleja, es irreducible. Por eso acude a ese símil del poliedro: realidades diferentes pueden vivir complementándose y no necesariamente enfrentadas.

"Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que todos los que creen el tengan vida eterna". El amor crece a través del amor, el amor es divino porque proviene de Dios. Lo bonito es ser testigos del amor.

Aún más, Dios donándose amorosamente volcándose en la condición humana en el misterio de la Encarnación, proyectándose hacia todos los hombres.

Dios es el fundamento de la caridad y la fuerza del amor de Dios es universal es expansión es desbordante. 

No da testimonio del amor quien es selectivo o introduce dinámicas excluyentes y discriminatorias por más que las fundamente en leyes o en reglamentos y esto es fundamental para entender lo que significa la cultura del encuentro.

Paso segundo para ver esto es la caridad fraterna, que nace de aquellas palabras que nos dice Jesús amaos como yo os he amado.  Solo quién quiere de verdad  a Dios es capaz de amar al prójimo.

Nuestro Dios no solo es un Dios personal es personalizador, humaniza las relaciones interpersonales, Dios humaniza los cristianos.

Tal vez ningún filósofo ha desarrollado de forma sencilla y profunda lo que supone la proximidad como el pensador judío Martín Burger en su obra "Yo y tú",  muy fácil de leer. Lo primero, somos conscientes de que hay otro y eso nos hace tomar conciencia de quienes somos nosotros en verdad.

Es decir, nuestras relaciones nos constituyen como personas singulares e irrepetibles.

Señala que hay dos modos de relaciones y esto es importante para nosotros para salir para hacer la cultura del encuentro sin la cual no evangelizamos.

La relación yo tú y la relación yo ello. Se refieren al mundo personal y con el mundo de objetos y también al mundo de los medios o instrumentos. Las únicas capaces de llenar de sentido la existencia son las relaciones interpersonales.

Cada vez es más habitual personas enganchadas al teléfono móvil. Estar conectados no es sinónimo de estar comunicados.  La soledad de tantos ancianos o la alta tasa de suicidios entre gente mayor y muchísima gente joven nos hablan de que todos podemos estar rodeados de tecnología punta pero más solos que nunca.

La caridad supone que el otro es antes que yo, pero incluso el otro cuanto más otro sea cuanto más diferente resulte es más susceptible de complementar mi aproximación a la verdad y más expresión de Dios manifiesta.

EL BUEN SAMARITANO

El paradigma de la caridad fraterna, de la relación yo y tú, es  la parábola del buen samaritano. Jesús es el buen samaritano que se acerca al hombre y cura sus heridas. La cultura del encuentro es esencial, nos exige mirar como Dios mira, no con una mirada de juicio.

En la cruz impresiona que el juicio de Dios sobre los hombres cuando le están insultando , mofando y le pegan con la lanza es "perdónales porque no saben lo que hacen", el juicio es amar.

La cultura del encuentro no puede llevarse a término sin la caridad del buen samaritano.

Por eso Martin Luther King, cuando está preso, hace un comentario a esta palabra que nos aproxima a la cultura del encuentro.

Este año, su hija en el encuentro que tuvimos en Bolonia encuentro interreligioso, como este año en septiembre si Dios quiere en Madrid, leyó la reflexión de que hizo el sobre la parábola del buen samaritano.

Él imagina que el sacerdote y el levita se preguntan "que me sucederá si me detengo para ayudar a este hombre", pero el buen samaritano siempre invirtió la pregunta, "qué le sucederá a este hombre si no me detengo a ayudarlo".

Caridad también con uno mismo, tal vez a alguien le pueda sorprender este apartado, pero el Señor dice "amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo" y eso es importante tal vez si la sabiduría popular se refiere a que hay que mirarse al propio ombligo y desentenderse de los demás, hay que decir que debemos proscribir este refrán de nuestro patrimonio cultural.

Pero amarás al prójimo "como a ti mismo", como a ti mismo, necesitamos querer a la gente, necesitamos acercarnos a la gente, necesitamos el ejercicio de la caridad, hay que llegar la caridad por eso, porque el reino de Dios no es una conquista fatigosa es la humilde colaboración que debemos estar atentos nosotros para cuidar la espiritualidad de donde la fuente donde brota esta espiritualidad la cultura del encuentro y la caridad cristiana.

Por eso él como a ti mismo, lejos de ser una receta fácilona para preservarnos del sufrimiento ajeno es la garantía más seria de que no nos movemos por un impulso emocional por un sentimentalismo ni siquiera por un empeño personal.

La caridad de Cristo nos une; necesitemos dejarnos configurar por esta caridad; dejarnos conformar por el amor de Dios y experimentar que ya no soy yo el que vive es Cristo quién vive en mí.

 Junto a esto está lo que llamaría la caridad política también existe, la presencia social de los cristianos en la vida como comenta algún autor al Buen Samaritano también debiera empezar a preocuparle no solo el accidentado al borde del camino, sino cómo está la carretera y cómo está la seguridad ciudadano.

Cuando le llevo al mesón al hombre apaleado le asegura algo fundamental: un lugar donde quedarse seguro dormir y alimentarse. Por eso la caridad tiene esa dimensión social también que aparece en la parábola del buen samaritano.

La Iglesia no puede ni debe quedarse al margen de la lucha por la justicia porque el amor Cáritas siempre será necesario. 

LA COMUNIDAD CRISTIANA, LA PARROQUIA

La tercera parte es la comunidad cristiana. Yo hice un trabajo sobre los elementos necesarios para una renovación parroquial que están publicados. El diseño misionero de una parroquia, en la Gaudium et spes se habla de la comunidad humana de la actividad humana en el mundo, de la función de la Iglesia en el mundo, de los problemas urgentes que aparecen en las comunidades, matrimonio, la familia…

Renovar la sociedad según el designio de Dios, considerando al ser humano en toda su totalidad las circunstancias que quiera que se encuentre esta es la gran tarea evangelizadora en nuestras comunidades.

El diseño de una parroquia misionera demanda dejarse interpelar por las realidades del mundo. La parroquia es un territorio, es cierto, pero tiene que reflejar la vida de su gente para ser el núcleo fundamental en la vida cotidiana.

Nos decía el Papa Juan XXIII que es necesario revitalizar su identidad, dejarnos construir por la Palabra de Dios y poner en el centro a quien nos construye, Jesucristo nuestro Señor.

De hecho las grandes renovaciones de las parroquias, de la Iglesia, han venido poniendo en el centro a Jesucristo.

San Manuel González obispo lo dice muy bien en sus escritos y cuando fue a sufrir una parroquia que no era precisamente fácil, puso en el centro a Cristo y cambió aquí la parroquia totalmente.

Para una comunidad parroquial hay dos categorías: la cercanía y el encuentro, categorías esenciales y determinantes de nuestra vida y de la evangelización. Hay pastorales que se plantean a distancia el encuentro con Cristo y el encuentro con los hermanos, esencial la cercanía.

El encuentro con Cristo será capaz de transformarlo todo para que las costumbres los estilos los horarios el lenguaje la estructura eclesial se convierta, para la evangelización del mundo actual.

El jubileo que hizo el Papa de la Misericordia en el fondo es el mensaje de Jesús que sigue siendo atrayente. Un mensaje a través del eje pastoral de primer orden para la vida parroquia .

Cristo prefiero usar la medicina de la Misericordia más que la de la severidad. En el discurso de apertura del Concilio Vaticano II, se lanza este mensaje: ha llegado el momento de que la Iglesia sea madrastra.

En este sentido, recomendó el libro sobre el papa Francisco, el papa de la Ternura. 

Las parroquias, las comunidades, tenemos que aprender a vivir también esto que se llama o es la pastoral sin miedo a la bondad y a la ternura o teniendo un criterio esencial, la viga maestra que sostiene toda la vida de la Iglesia es la Misericordia. Sin eso nuestras comunidades se manifiestan perdidas.

 

Escrita el día: 14-06-2019 por Medios de comunicación

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